Procrastinar no siempre es falta de disciplina: cómo empezar cuando una tarea pesa

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Jimena Garza

28 septiembre, 2026 • 6 min de lectura

Procastinación

Hay un pendiente que puede resolverse en una hora, pero lleva días instalado en tu cabeza. Abres el archivo, recuerdas que antes debes responder un mensaje y, cuando vuelves, ya se acabó el tiempo que habías reservado. No es que hayas olvidado la tarea. Precisamente porque la tienes presente, empezar se siente cada vez más pesado.

La psicóloga Karla Paola Colín Mendiola, de la Clínica de Salud Mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que procastinar es aplazar una actividad importante por una menos relevante o más plancentera que a largo plazo esta acción genera más estrés, ansiedad y culpa por tener una baja eficiencia.

Una tarea puede despertar aburrimiento, inseguridad o miedo a no hacerla bien. Aplazarla trae un descanso inmediato; pero luego llega el plazo y la presión. Entender ese circuito cambia la pregunta: en vez de ¿por qué no tengo disciplina?, conviene preguntarse ¿qué parte de esto me cuesta enfrentar?


La tarea visible y la que está debajo


A veces posponemos hacer una presentación cuando el verdadero obstáculo es decidir por dónde empezar. Otras veces nos detenemos en un correo porque anticipamos una respuesta difícil. También puede haber cansancio, instrucciones confusas o demasiados pendientes compitiendo por el mismo bloque de tu tiempo y atención. Una lista ordenada ayuda, pero no resuelve por sí sola lo que genera rechazo.

Para combatir la procastinación es importante combinar la organización del tiempo con la atención a las emociones. Antes de llenar otra agenda, vale la pena identificar qué sucede justo en el momento en que cambiamos de actividad. ¿Buscas más información porque realmente falta un dato o porque todavía no quieres tomar una decisión? La diferencia importa.

Si el problema es la incertidumbre, define el resultado mínimo: enviar un borrador de tres ideas suena más asequible que terminar el proyecto. Cuando temas equivocarte, separa la primera versión de la revisión. Si estás agotada, una pausa real puede ser más honesta y efectiva que permanecer dos horas frente a una pantalla sin avanzar.


Empezar pequeño, pero de verdad


La frase “al rato lo hago” deja demasiado espacio abierto. Convierte la intención en algo concreto: después de desayunar, abre el documento y escribe tres posibles títulos. El primer paso no necesita resolver el proyecto completo. Su función es reemplazar la tensión de entrada y darte herramientas para elegir el siguiente paso.

También puedes dividir una tarea según las decisiones que exija, no solo según el tamaño. Para preparar una nota, por ejemplo: revisar la fuente original, anotar tres preguntas, verificar datos y escribir la entrada. Cada parte tiene un cierre reconocible. Cuando una tarea empieza a sentirse demasiado grande, suele ser señal de que todavía necesita dividirse en pasos más pequeños y claros.

Si una entrega te abruma, evita empezar acumulando información sin saber todavía qué estás buscando. Primero define qué necesita recibir la otra persona, qué información ya tienes y cuál sigue faltando. A partir de ahí es más fácil decidir qué investigar, qué resolver primero y en qué momento revisar el avance. Si necesitas algo de alguien más, haz la pregunta cuanto antes para que esa espera no detenga todo el proceso.

También puedes trabajar por bloques de tiempo. La Técnica Pomodoro, creada por Francesco Cirillo, utiliza periodos de concentración de 25 minutos seguidos de pausas breves como una forma de organizar la atención y manejar las interrupciones. Más que convertir el reloj en otra exigencia, puede servir como un punto de partida para hacer una tarea más manejable.

Si 25 minutos todavía parecen demasiado para empezar, prueba primero con diez. Si una tarea requiere un periodo más largo de concentración, reserva ese espacio. La intención no es cumplir con un número perfecto de minutos, sino encontrar una estructura que te ayude a comenzar y mantener el avance.

También puedes leer: Gestión del tiempo: estrategias para mejorar tu productividad

técnica de 4 pasos para trabajar por bloques de enfoque y descanso

La culpa también ocupa espacio


Después de aplazar algo, es fácil gastar el tiempo disponible en reproches: “otra vez hice lo mismo”, “ya debería haber terminado”. La psicóloga Fuschia Sirois, catedrática del Departamento de Psicología en la Universidad de Durham, realizó un estudio con estudiantes y personas adultas en el que encontró una relación entre mayor procrastinación, menor autocompasión y más estrés.

La investigación describe asociaciones; no demuestra que hablarte con amabilidad, por sí solo, elimine la postergación, lo que sí ofrece es una pista para no añadir más malestar al que ya provocó el pendiente.

La autocompasión aquí no significa borrar la fecha de entrega. Significa reconocer con honestidad: “me está costando”, elegir una acción posible y ajustar lo que haga falta. Si perdiste la mañana, todavía puedes decidir qué empezar en la tarde o avisar a tiempo que necesitas renegociar un plazo. Castigarte no devuelve esas horas perdidas.


Crea un sistema que te ayude


Un calendario o una agenda puede servir para apartar y organizar momentos; una lista, para sacar pendientes de la cabeza; un espacio con menos distracciones ayuda a sostener la atención. Ninguna aplicación hará el trabajo por ti, y usar cinco al mismo tiempo puede convertirse en otra tarea sin terminar.

Quédate con un sistema sencillo: un lugar para capturar pendientes, una prioridad clara y un momento breve para revisar los siguientes pasos.

Antes de cerrar un bloque, deja una pista. “Seguir con el informe” no ayuda mucho cuando regresas dos horas más tarde y ya olvidaste en qué ibas. En cambio, escribir “revisar la cifra del segundo apartado” te deja el camino marcado y hace mucho más fácil retomarlo.

Parece una tontería, pero en proyectos largos funciona muchísimo: sobre todo cuando avanzas por partes, entre reuniones, pendientes en la oficina y todas las demás posibilidades de distracción.

También conviene distinguir entre aplazar y cambiar de prioridad. Si surge una urgencia real, mover un pendiente es una decisión de organización. Procrastinar suele sentirse distinto: sabes que podrías dedicarle un momento, pero te refugias repetidamente en actividades menos incómodas. Reconocer esa diferencia ayuda a ajustar la agenda sin convertir cada cambio de planes en un juicio sobre ti.

Si posponer se ha vuelto constante y afecta tu descanso, tus relaciones o tu bienestar, buscar apoyo profesional puede ayudarte a entender qué hay detrás. No todo se arregla con una agenda, y pedir ayuda no es una falla de carácter. Para los pendientes cotidianos, en cambio, empieza con una sola pregunta: ¿cuál es el paso más pequeño que sí puedo hacer hoy?

No tienes que esperar a sentirte lista para avanzar; muchas veces la claridad aparece después del primer movimiento.

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Autor: Jimena Garza

Fecha: 28 septiembre, 2026

Título: Procrastinar no siempre es falta de disciplina: cómo empezar cuando una tarea pesa

Medio: WORTEV Academy

URL: https://academy.wortev.com/balance/como-dejar-de-procrastinar-empezar-tareas/